Factual tiene dos movimientos. Uno vertical que anota las noticias a medida que van sucediéndose y que imita el discurrir del viejo teletipo. Le llamamos F5 en homenaje a la tecla que actualiza las páginas. El otro movimiento es horizontal e imita el hojeo de un periódico. Se publica a las nueve de la noche y desarrolla algunas (pocas) de las noticias que han aparecido antes en F5. Es tecnológicamente muy sofisticado, pero conserva de los viejos periódicos la jerarquía de las noticias y la belleza e intención de su diseño.
La interacción de estos dos movimientos es la sustancia de Factual, porque creemos que es la sustancia del periodismo. Aspira a complacer al lector adictivo que quiere noticias cada cinco minutos, pero también al que exige del medio digital que respete la jornada y le indique cuáles han sido al cabo del día las noticias más importantes. Las páginas del periódico se van componiendo a la vista de los lectores. Factual no sólo quiere ser el producto diario de una redacción; sino la redacción misma.
Nosotros creemos que algún día todos los diarios digitales reflejarán esta interacción entre el minuto y el día. Ahora cumplen más o menos con el minuto; pero el día lo dejan para sus ediciones en papel. No comprendemos por qué en nuestro tiempo un diario debe guardarse embalado doce horas después de haberse hecho. Las exigencias industriales no tienen sentido. Todos los diarios de papel se acaban de hacer a las nueve de la noche. Nuestra gran diferencia es que se lo damos de inmediato al lector.
He escrito que cumplen más o menos con el minuto, pero el cumplimiento de Factual es distinto. F5 es un peculiar tapiz del día donde hay noticias, críticas y amenidades diversas. Sus cápsulas permiten grandes innovaciones estilísticas que sólo estamos empezando a descubrir. No hay que confundir los blogs con el periodismo; pero creo que el formato de los blogs puede ayudar a definir el periódico del siglo XXI. Cuando los periodistas de Factual llegan al lugar de los hechos no esperan a que el hecho acabe para dar la noticia, sino que van escribiendo breves fragmentos de información a medida que la van reuniendo.
Su trabajo tiene algo de retransmisión en directo del día, aunque filtrado (es mínimo y rápido, pero es crucial) por la escritura. Ese trazo rápido y concreto no se reduce a las noticias. Afecta también, por ejemplo, a los libros. A medida que el crítico lee, va anotando en F5 sus notas de lectura. Las notas son compatibles con una reseña posterior; pero a veces bastará con ellas. Las notas no sólo son de lectura. Hace unas semanas Factual twitteó una cena en elBulli. Y es que cuando hay algo que twittear (más allá de twittear que se twittea), vale la pena hacerlo.
Factual quiere decir los hechos actuales. Le gustaría ser un periódico de hechos. Es decir, también con opiniones que hubiesen alcanzado un grado semejante de contundencia. Su apartado de crónicas no quisiera desprenderse de esa exigencia fáctica, renovando en la medida que pueda hacerlo la vieja opinión ibérica me gusta/no me gusta. Es un diario aún modesto y sabe que lo que realmente cuesta esfuerzo y dinero son los hechos. Aún así no renunciará a los grandes reportajes. Ha empezado, por ejemplo, con dos objetivos ambiciosos. La reconstrucción de la vida de una novia de Josep Pla cuya vida acabó en Auschwitz, y la fotografía conmocionante, día a día y a la misma hora, de todos los lugares donde ETA mató. Factual llama a estas series blooks: un ejemplo, aún no demasiado frecuente de libros concebidos, ya desde el principio, en formato digital.
Factual es un periódico. Los periódicos se compran. ¡Así no se venden! Cuesta menos que un sms al día. Su modelo de negocio básico es la suscripción, entre otras cosas porque las suscripciones atraerán una publicidad rentable. Si consigue las que espera, sobrevivirá. A Factual me refiero, pero también al periodismo.
(Publicado originalmente esta semana en la revista Esquire)
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